Parir. Volver al vientre se estrena este viernes 12 de octubre en el Teatro de las Culturas de Madrid
Un nuevo Acto Íntimo que habla de deseo, respeto y comunión interpersonal
¿Sólo le pertenece a las mujeres el deseo de parir? ¿Acaso el dolor es solo suyo? ¿Solo ellas pueden sentir ‘cosas de mujeres’? Durante su nuevo Acto Íntimo, Santi Senso comparte su deseo de parir. Se responsabiliza de la frustración que le provoca la naturaleza al no permitir que el hombre pueda sentir ese dolor/amor. Y confronta su aceptación sin anular su deseo.
Dos días antes de su gran estreno, hemos podido reunirnos con el protagonista de esta reflexión dramática y dos miembros de su elenco: Estela de María y Fumilayo Johnson. Este es el testimonio que queda de ese viaje de vuelta al vientre.

La palabra ‘parir’ tiene muchos eufemismos más dulces. ¿Por qué este término?
Santi: Porque realmente es algo visceral. En el momento del parto no se entiende de poses. El subtítulo, ‘volver al vientre’, te invita a volver a tus primeras veces para aceptar y renacer de una forma más pura. Es algo que ya hacen los indígenas en el ritual Te Mascal. El parto físico es también un parto emocional.
¿Cómo se tiene que preparar la audiencia para venir a ver esta obra? ¿Cuál es el disclaimer apropiado para que no se alarme?
Santi: Hay que tener miedo al miedo. Es muy importante abrazarlo, porque es un sentimiento incómodo. También es incómodo que no se acepte el deseo de parir de un hombre. La posibilidad física de hacerlo ya es un trabajo de aceptación propio, pero nada ni nadie puede quitarte el deseo.
La audiencia se va a encontrar con la aceptación del deseo de los demás. La naturaleza no es injusta por no permitir al hombre parir. Los injustos somos nosotros por no aceptar su voluntad.
Vamos a visibilizar un deseo que está en muchos hombres que quieren parir y muchas mujeres que no quieren hacerlo. Parir. Volver al vientre invita a crear un círculo de personas para escucharnos, respetarnos y amarnos.

Mujeres estériles, parejas homosexuales, personas transgénero… ¿Crees que otros colectivos se pueden ver reflejados en tu deseo frustrado como hombre de parir?
Santi: Sí. Las personas no decidimos nacer. Tampoco decidimos sentir el deseo de parir, ser transexual, bisexual, gay… nacemos así. Tenemos que aprender a lidiar con un dolor impuesto por la sociedad. Las personas no son ‘diferentes’ respecto a nada, sino que son únicas.
La obra se estrena en pleno debate político respecto a la maternidad subrogada, algo de lo que se habla en Parir. ¿Cómo se lo va a tomar la sala?
Santi: Al final, en estos casos, lo decide todo el dinero y la política. Lo que estos factores no pueden alterar es mi deseo y mi amor. Eso lo decido yo. Lo bonito de este montaje es que no hay verdades absolutas. Somos un círculo de personas debatiendo sobre el escenario.
Estela: Yo he necesitado un tiempo con la obra para entender que su mensaje es de máximo respeto. Personalmente, entiendo los vientres subrogados como una manera más de subyugar a la mujer en unos tiempos en los que todo está en venta. Parir es un deseo, pero no un derecho.
Fumilayo: Yo he donado óvulos por solidaridad a personas que no podían tener hijos. Pero incluso eso es comprado. Y si optas por la adopción, también hay un problema de dinero detrás.
Santi: Al final, de lo que hablamos en la obra no es de tener hijos. Hay mil formas de hacerlo: biológicamente, adoptando, educando… De lo que se habla es del deseo de parir, el ritual en sí como un acto de generosidad, dolor, entrega y amor. De desgarro, sangre y apertura a un sentimiento visceral. Por eso este es un círculo de personas y hay mujeres. Para que no me permiten divagar en mi pulsión.
¿Se ha desvirtuado el acto de parir con el tiempo y los avances médicos?
Santi: Yo fui a México con una familia indígena para saber cómo eran los partos. Su partera me contó que paren en cuclillas o agarradas a un árbol y, con un trozo de tela, empujan el vientre. Todo esto es para la comodidad del médico, pero muy incómodo para la mujer.
Fumilayo: Creo que se ha hecho más cómodo. Aún así, por supuesto, no es fácil. Antes se paría en carne viva y esa naturalidad se ha perdido. Mi primer parto fue con epidural y en África me dijeron que no había parido de verdad.
Estela: Yo no encuentro gusto en ese dolor. No tuve la suerte de la epidural y no me siento más madre que tú por haber parido con dolor.

¿Desaparece el deseo de parir o simplemente se palia?
Santi: Esto no es una terapia. Yo canalizo mis sentimientos en los Actos Íntimos. Algunos participantes lo sienten como un acto de catarsis liberador. Si es así, yo encantado. Pero ese no es mi objetivo. Lo hago porque realmente siento el deseo de parir y necesito el abrazo y la escucha de mis compañeras. A veces me han atacado en directo de manera muy revulsiva, pero es normal. Al final, los ataques aportan dramaturgia a la obra.
Entonces, esto no es ‘cosa de mujeres’.
Santi: No. Pero necesito estar entre mujeres. Son la nana que me puede calmar y orientar. Ellas son las primeras que han visibilizado el deseo de parir, el dolor… Pero es que los hombres también sufrimos y lloramos. Afortunadamente, se están empezando a mimetizar de nuevo los atributos de género. Por eso es necesario este círculo de personas.
Estela: Yo entiendo que es controvertido que un hombre diga que desea parir. Pero, en realidad, la obra pone mucho en valor la figura de la mujer como portadora de vida. Parir da un mensaje de respeto, poder, y conexión interpersonal.
¿Hay algún sentir que no pueda expresar Santi Senso en un Acto Íntimo?
Fumilayo: Yo le pregunté si podía expresar el alma en un teatro.
Santi: En mi acto íntimo anterior, Casta, peste y eternidad, trabajo sobre el alma y qué cuerpos habita. La obra habla de que cuando muera, mi alma permanecerá. Yo soy el único responsable de cómo la dejo. Por eso comparto mis Actos Íntimos, he escrito un libro para el lenguaje y doy talleres. Para compartir mi alma.
Cuando acabe el viaje de Parir, habrás pasado por varios escenarios y trabajado con muchas mujeres distintas. ¿Qué crees que te llevarás de todo esto?
Santi: Ya está mereciendo la pena. Y no porque entiendan mi deseo, que ya lo entiendo yo. Sino por el respeto a la mujer. Lo que yo saco de aquí es la desgarradora generosidad del elenco de mujeres que hablan de su deseo y su parto. Verbalizar lo que sintieron me parece algo sagrado.

¿Y vosotras? ¿Por qué aceptasteis colaborar en el proyecto?
Estela: Yo agradezco que Santi nos diera la oportunidad de rememorar el momento del parto y volver a emocionarnos con él. Trabajar con él, además, es un regalo personal y profesional. También sale mucho la conversación de la conciliación familiar. Muchas somos madres de familias monoparentales, y se han visibilizado las dificultades de compatibilizar profesión y familia.
Fumilayo: Santi valoró lo que muchas veces se pasa por alto. El embarazo son nueve meses y el parto veinte minutos. No me había encontrado con nadie antes que me valorase por haber dado vida. Con la obra y las compañeras, le he dado más valor a todo el proceso y ha sido muy gratificante.
¿Ha cambiado Parir vuestra opinión sobre la maternidad?
Fumilayo: Sí. Porque son veinte minutos de parto que duran toda la vida.
Estela: Además, al final, muchas mujeres están solas con sus hijos. Aunque tengan pareja, muchas veces la única diferencia es una nómina más en casa. Hemos llorado, nos hemos querido y se ha creado un vínculo de amor entre todas.
Santi: Parir remueve muchas cosas. Aunque el acto íntimo no está creado como una terapia, muchas veces pasan cosas así. La que es madre, lo es para toda la vida, aunque sus hijos crezcan.

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