Malasaña.com

La increíble mutación de Malasaña

Foto: Alejandro Caja

La fama Malasaña es una montaña rusa, una historia llena de subidas y bajadas en el mundo del prestigio y el reconocimiento. Ha pasado de todo a nada, o más bien de nada a todo, en cuestión de algunos años.

Mcnamara y Almodóvar en plena auge de la Movida. Foto: Altervista

La Movida

Malasaña es mucho más que un barrio. Fue el escenario en el que se representó uno de los movimientos más transgresores y revolucionarios de Europa. Los tiempos de la Movida madrileña elevaron su reconocimiento internacional. Malasaña se conocería fuera de las fronteras nacionales como la cuna de una gran revolución social.

Las calles se llenaron de color. Un nuevo concepto de vida, ecléctico y liberal, recorría el asfalto de sus calles. Un aluvión que acogía a gentes de todas las tribus urbanas. Punks y heavys; rokeros y hippies; músicos, pintores y escritores creaban historias rompiendo con las cadenas de la represión franquista, respirando libertad.

Malasaña sería testigo del nacimiento de fenómenos que serán siempre recordados. Los ochenta en España no pueden entenderse sin pensar en el Chochonismo ilustrado. El  14 de la Calle Palma fue el punto de partida de esta reinvención del arte al más puro estilo dadaísta que nunca pasará de moda. Alaska, Almodóvar, McNamara son algunos de los acólitos que formaron y sustentaron la tribu Chochoni.

‘Caudillo Casal’ uno de los cuadros más representativos de Costus. Foto: Arte Plus Ultra

Pero como todo en la vida, la Movida terminó. Como bien dijo Rafael Narbona en una carta a su buen amigo Antonio Vega  «la movida ya sólo era un tiempo que nadie amaba, salvo unos pocos que aún se embriagaban con los alimentos terrenales, sin esperar que un ángel les acompañara hasta la última estación».

A finales de los 80, la zona se fue apagando y con él su reputación. La fama que llegaba de sus calles era la de ser el refugio para la prostitución y la droga. Un lugar oscurecido por la contaminación en la que los camellos, propios y foráneos, deambulaban por sus calles buscando almas solitarias a las que acompañar hasta el final de sus días.

La nueva vida de Malasaña

Los días grises pasaron y paulatinamente el Malsaña empezó a despuntar. Las calles volvieron a llenarse. Pero ahora de turistas y visitantes interesados en contemplar los vestigios de tiempos pasados. Una vez más La vía láctea  o El Penta se convirtieron en lugar de peregrinación, aunque las diferencias entre los errantes pasado y presentes sean más que significativas.

Los vecinos hablan de conceptos como gentrificación o  turistificación. Dos ideas que hacen referencia al cambio en los arquetipos en la hostelería y los comercios. Poco a poco se están orientando peligrosamente a ese perfil del turista, condenando a los negocios tradicionales al más frío de los destierros. En resumen Juanjo Castro hablaba en su documental de estos conceptos, a través de sus vecinos y sus calles, en el documental #MeGustaMalasaña.

La nueva proyección turística, según los vecinos, está subiendo el precio de los alquileres y del nivel de vida. Así los antiguos residentes se ven obligados al exilio inmobiliario a zonas de Madrid más asequibles. Ya no es el barrio de poetas y putas. Ahora es un barrio de modernos. Actores de la neomodernidad (si se permite la redundancia) con su ropa vintage de colores llamativos. Y sus teléfonos móviles última generación donde comparten publicaciones #llenasdehashtagsaleatorios. En definitiva se ha creado una nueva vida. Una nueva versión de unas calles que se reinventan con cada generación.